lunes, 1 de diciembre de 2014

El camí a Sant Jaume de Ponent


José Manuel Almerich
 
 


"Puis preposí un vot complir. Ans del partir una beguina mia veïna, per mi pregada e ben pagada, fiu guardadora, receptadora. E tot lo meu al consell seu, acomanant, io confiant del beguinatge, fiu mon viatge deves Sant Jaume. Al sent Joan o juliol, si Deu ho vol, seré tornat".




Con estos versos en primera persona comienza Jaume Roig, el capítulo II del segundo libro de l’Espill o Llibre de les Dones. La novela, una de las obras cumbres de la literatura valenciana, fue escrita entre 1456 y 1460, y narra las aventuras y desventuras de un hombre que después de viajar por Europa y enriquecerse con el ejercicio de las armas, regresa a Valencia. Casado sucesivamente con un doncella, una beata, una viuda y una monja, fracasa en todos sus matrimonios, según él, por la perversidad de sus esposas. Después de su azarosa vida, inicia desde Valencia el camino hacia Santiago de Compostela, Sant Jaume de Ponent. El camino de Santiago desde Valencia en el siglo XV Jaume Roig nos lo describe pasando por Buñol y Requena para enlazar con el Camino Francés a la altura de Santo Domingo de la Calzada. 


"Al mig jorn era, passat Bunyol, e, post lo sol ,fui en Requena"

"seguint monjoies, plans, monts e foies e rius passant,

fui al cos sant de la Calçada, ciutat murada" 
 

L’Espill podría haber sido una especie de Códice Calixtino valenciano, a poco que hubiese descrito con detalle la peregrinación a Compostela, pero Jaume Roig estaba más interesado en contar sus experiencias personales sobre todo en lo que respecta a las mujeres a las que consideraba crueles y mentirosas. Su misoginia no era más que un reflejo de la mentalidad medieval y una réplica defensiva ante la creciente influencia de la mujer en la sociedad de su época. No disponemos de mucha más bibliografía al respecto de las peregrinaciones a Santiago desde Valencia. El mismo Jaume Roig vuelve a su tierra esta vez por Olite, Zaragoza, Teruel y el valle del Palancia, lo cual nos hace pensar que este camino, utilizado desde antiguo por romanos y musulmanes como via de intercambio cultural y comercial, también fuese un camino de peregrinos teniendo en cuenta que el paso por la Virgen del Pilar es una tradición muy arraigada en la sociedad valenciana. 
 
Fachada de la Basílica de Algemesí


Vicente Pons, profesor de historia medieval de la Universidad de Valencia, me facilitó un documento único: un testamento ante notario, fechado a finales del siglo XIV en el que un ciudadano de Alzira levanta acta de sus bienes y los cede a sus herederos en caso de fallecimiento, porque va a emprender "un viatje per a fer la via de Santiago". La cláusula, lógicamente no nos aporta más datos ni nos indica el camino que va a seguir en su peregrinación. Testar antes de partir evidenciaba que el viaje implicaba un gran riesgo, de la misma manera que era habitual en la Edad Media hacer testamento en el lecho de muerte o, en el caso de las mujeres, antes del parto. En muchas ocasiones, para afrontar el viaje, los peregrinos se reunían en grupos y disponían al igual que hoy, de documentos acreditativos o cartas de recomendación para facilitarles el paso por los distintos lugares. Miles de hombres anónimos sufrían las numerosas penalidades del viaje, a veces incluso con su propia vida, como demuestran los cientos de cementerios que existen a lo largo del Camino Francés, que era el que disponía gracias a la Orden de Cluny y la Orden de Santiago, toda la infraestructura necesaria para atender a los peregrinos.
 

Algemesi

En septiembre de 1996, fruto de un Congreso Internacional sobre el Camino de Santiago, via de la Plata, vio la luz un trabajo titulado: Los Caminos de Santiago en Valencia Ayer y Hoy. El Camino de Levante, cuya autora recupera y recorre el camino que se supone siguieron los peregrinos desde Valencia siguiendo la antigua Via Augusta. Según la investigadora, el camino real salía de Valencia por la calle de San Vicente y continuaba hacia Alfafar y Catarroja. Desde Silla llegaba hasta Almusafes y Benifaio hasta Algemesí. Desde Algemesí, el camino entraba a Alzira por dos preciosos puentes hoy en dia desaparecidos, el de Santa María y el de San Bernat, góticos ambos y con arcos ojivales. Según Amparo Sánchez, Alzira llegó a tener hasta tres hospitales de peregrinos y viajeros. La via continuaba hasta Carcaixent pasando bajo el puente de Xátiva y desde Xátiva, Manuel y Torre Lloris hasta Aiacor para llegar a Canals y Montesa. El valle del rio Canyoles era un paso fácil para llegar a la Meseta, el único posible durante la antigüedad y la Edad Media sin dificultades orográficas importantes. Por este paso circularon comerciantes y viajeros y por ahí precisamente, entraron las tropas del rey Felipe V tras la batalla de Almansa. Desde Montesa el camino seguía hacia Moixent y per la Font de la Figura, Higueruela, Albacete y Quintanar de la Orden los peregrinos y comerciantes llegaban a Toledo, cuna de todas las civilizaciones y una de las ciudades con mayor riqueza cultural y artística de Europa. Desde Toledo, el Camino de Levante enlazaba con la via de la Plata al llegar a Salamanca. Desde Salamanca, bien por Astorga, bien por Puebla de Sanabria, los peregrinos valencianos llegaban a Santiago. La misma autora reconoce en su libro que más que un camino de peregrinos era un camino de comerciantes. Valencia fue el puerto de Castilla y mientras se importaba trigo y cereales, hacia Toledo se exportaba seda y productos agrícolas. Todas estas vias eran en realidad motores económicos y de relaciones comerciales. Las vias de peregrinación eran causa y consecuencia a la vez, de las rutas de las ferias. En muchas ocasiones el comerciante-peregrino cumplía el voto de penitencia y a la vez, cerraba importantes negocios. Incluso en su origen el camino francés era un línea fronteriza y militar frente al dominio musulmán. A partir del siglo XI la ruta a Compostela se transforma en la gran via comercial del norte de España. 
 


 

(Lacarra, 1948.)

"Los caminos de Santiago -afirma Yves Bottineau en su libro Les Chemins de Saint Jacques- no son otra cosa que el nombre más conocido de numerosas rutas abiertas y empleadas desde la antigüedad, y a menudo utilizadas para otros fines que los religiosos"

No obstante, y en lo que a nosotros respecta, el hecho que un solo peregrino hiciese el camino desde Valencia ya justifica por sí solo la investigación. De hecho, caminos hay tantos como peregrinos dispuestos a hacerlo, pero la propuesta de Amparo Sánchez y las posibilidades de ampliar el tema son inmensas. Queda mucho por hacer y en este sentido la puerta ha quedado abierta y a medida que pase el tiempo se irán desvelando los secretos bien guardados de este camino. Gracias a la colaboración de Juan Olmos y Eduard Bueno de Algemesí, pude ver por primera vez la preciosa tabla de Sant Jaume que desapareció de Algemesí a principios de siglo. Según consta en los archivos, un tal Josep Soler la vendió el 4 de marzo de 1913 al Museu Nacional d’Art de Catalunya. La extraordinaria pieza, desconocida para una gran parte de la población puesto que a pesar de su importancia en la pintura medieval valenciana ningún historiador local la cita, representa a Santiago Apóstol vestido de peregrino. Pintada al temple sobre madera de pino, fue encargada en 1423 a Gonçal Peris para ocupar el altar de la primitiva iglesia. Y es que Algemesí fue un hito importante a tenor de las referencias históricas ya que tuvo Hospital de Peregrinos, Confraría de San Jaume y la Iglesia Arciprestal, basílica menor construida en 1423, dedicada a Santiago Apóstol. 
 
Interior de la Basílica de San Jaime en Algemesí
 
El hospital, la confraria de Sant Jaume y el primer consejo de la ciudad estaban ubicados en la calle de la Muntanya, nº 11 justo donde hoy está el edificio del Banco de Valencia. Alzira, la ciudad preferida de Jaime I y donde siempre quiso que le enterrasen, debió ser durante la Edad Media una ciudad bellísima. Basta con leer a los poetas hispanomusulmanes como Ibn Khafaja, Ibn Al-Zaqqaa o Ibn Anira para darse cuenta de la nostalgia y la tristeza cuando fueron obligados a abandonar su tierra. Allí residía gente sutil y acomodada, dedicada a las artes, la cultura y el comercio. 
 
Monasterio de la Murta en Alzira
Alzira podría haber sido una de las ciudades más hermosas de la Comunidad Valenciana, al igual que Xátiva, pero los desmanes urbanísticos acabaron con la mayor parte de su patrimonio histórico-artístico. De los dos puentes que cruzaban el Júcar no quedan restos. Sí se ha conservado en cambio el edificio del primitivo hospital y el ayuntamiento. Tuvo en el siglo XIII hasta tres hospitales de peregrinos y transeúntes. Alzira, igual que Xátiva, eran lugares clave de paso y por ello tenían hospitales de grandes dimensiones. El de Xátiva es un ejemplo de la gran movilidad de personas que por él pasaban. En los hospitales se refugiaban "todos los pobres de Jesucristo" y allí se daba cobijo a enfermos, pobres, viudas, vagabundos y peregrinos. En el despacho de la alcaldía del Ayuntamiento de Alzira, entre otras obras de arte, se conserva un apostolado gótico que estuvo a punto de desaparecer por el fuego una fria mañana de invierno hacia 1950, porque los guardias, helados, no tenían nada para quemar. 
 
Apostolado de Alzira
Este apostolado, del siglo XIV y pintado también al temple sobre pan de oro, es una tabla fragmentada y mutilada tanto a lo largo como a lo ancho, ya que sólo conserva siete apóstoles de los doce que tendría en su origen. Sant Jaume está representado con atributos de peregrino, sombrero con concha venera y báculo. El artista anónimo, cuidó con esmero el dibujo remarcando las figuras con firmeza y rasgos personificados, todos de una calidad técnica excepcional. En una de mis excursiones en bici de montaña por el macizo de Penyagolosa, pude observar con admiración, que el retablo de la Eucaristía de la Iglesia Parroquial de Villahermosa del Rio, pintado por Francesc Serra (hijo), tiene un increíble parecido con este apostolado, y aunque desconocemos su procedencia, podemos aventurar también por confrontación con otras tablas del Museo San Pío V de Valencia, que fue pintado por el mismo Francesc Serra II o algún pintor del círculo del maestro de Villahermosa.

Santiago fue el santo más popular durante la Edad Media y el Renacimiento. En una época en que las reliquias ejercían un atractivo especial sobre los cristianos era, y lo continua siendo, un prestigio social abandonar el trabajo y la familia para venerar la figura del apóstol. Aureliano Lairón, historiador y archivero del ayuntamiento de Alzira, además de buen amigo, tuvo la gentileza una tarde de julio de enseñarme els Capatrons de la Peita, una serie de libros manuscritos de los siglos XIV y XV donde se registraban los propietarios y propiedades de la Villa, a fin de establecer las contribuciones. Resulta sorprendente como una gran mayoría de los personajes aquí inscritos se llaman Jaume, nombre muy corriente y de moda en aquella época. Siguiendo el camino hacia Carcaixent y Pobla Llarga, en el desaparecido poblado de Ternils, muy cerca de Cogullada, se encuentra la ermita de Sant Roc, uno de los escasos ejemplos del románico de transición en Valencia.
 
Ermita románica de Sant Roc de Ternils al cami de Sant Jaume (Carcaixent)
 
La Capilla, declarada Monumento Nacional, fue una de las primitivas iglesias de reconquista, levantada tras la creación del Reino Cristiano de Valencia. La puerta, construida en 1375 por orden de los jurados de Alzira, es de estilo románico puro mientras que en el interior se levantan cuatro arcos góticos sobre columnas del Cister. La ermita conserva junto al antiguo trazado del Cami Real y pegado a uno de sus muros, el brocal del pozo y un pequeño abrevadero labrado en piedra. El ermitaño tenia la obligación de dar de beber a las caballerías de los peregrinos y viajeros cuando pasaban por aquí. El retablo del altar fue pintado por Peris Guerola y representa a San Roque, noble provenzal nacido en 1295 que tras abandonar su tierra y donar sus bienes, se convirtió en peregrino. Y así llegaríamos a Xátiva, ciudad monumental que por sí sola ya es suficiente aliciente para visitarla con detenimiento. Xátiva es una ciudad de la que todos los valencianos podemos sentirnos orgullosos. Y así poco a poco podríamos ir desgranando la historia y el arte a medida que avanzamos en el descubrimiento del camino desde Valencia.

Pero también es justo reconocer la veracidad histórica, también es justo tener presente lo que es capaz de hacer la creencia firme en un dogma. Sin pretender crear polémica y con el respeto que me merecen todas las religiones del mundo, hemos de tener presente desde un punto de vista estrictamente objetivo e histórico, que Santiago el Mayor, el discípulo de Cristo, jamás estuvo en España. No hay testimonios históricos, documentales o arqueológicos que avalen la presencia del santo ni que puedan dar por cierta la existencia del cuerpo en Santiago. ¿Que cuerpo es, pues, el que allí se venera -se preguntaba Miguel de Unamuno- y como y porqué se inició este culto? 


La invención de la leyenda de Santiago y del descubrimiento de su tumba tuvo lugar hacia el año 818. Este hecho que cambió totalmente la historia de la Cristiandad, se basaba en la aparición de unos restos atribuidos al apóstol por revelación divina y que habían llegado a las costas gallegas en una barca de piedra sin tripulación. La invención se realiza en un momento en que los cristianos necesitan una fuerza moral frente al Islam. En un mundo oscuro e inseguro, se justifica la devoción a Santiago como punto de referencia frente al enemigo común cuyos valores religiosos eran mucho mayores. Por eso Santiago se convierte de pacífico apóstol de Jesucristo en un santo a caballo que aplasta a sus enemigos y mata a los moros en la batalla de Clavijo para dar ánimo a los cruzados y superar el complejo de inferioridad que el pueblo cristiano tenía. La peregrinación a Santiago adquirió con las indulgencias y las bulas papales, el mismo significado que tiene hoy la Meca para los musulmanes. Con los privilegios reales se construyen albergues, hospitales, monasterios e incluso pueblos enteros ligados al Camino. 
 
 
Los viajeros llegan de los más apartados rincones del mundo y los caminos de Europa confluían en Francia a través de cuatro grandes vias y casi todos entraban a España por Roncesvalles, provocando un importante florecimiento cultural y superando la barrera física de los Pirineos. La primera unión europea ya nació hace mil años bajo el signo de la fe. El camino de Santiago -dice José Miguel Ruiz- es la culminación histórica del ideal de convivencia sin fronteras. La existencia o no del cuerpo del Apóstol hoy nadie se lo plantea. El curso de la historia en los últimos mil años ha sido de tal magnitud, que lo realmente importante es el patrimonio cultural y artístico que la fe de millones de personas nos han legado. Tres veces he recorrido el Camino de Santiago, la primera vez, hace ya más de quince años, acompañando al profesor Antonio Ubieto, Catedrático de Historia Medieval y a un grupo de estudiantes de Zaragoza. Fue un viaje entrañable y personalmente muy enriquecedor, aunque nuestro interés se centró casi exclusivamente en el arte románico. No estaba ni mucho menos dotado de las infraestructuras que tuvo años después. Con el impulso de la Xunta de Galicia durante el Xacobeo 93 y la puesta en marcha de un ambicioso plan de dinamización del mismo, el Camino de Santiago recuperó el papel socio-cultural, histórico y religioso que tuvo durante la Edad Media hasta que fue declarado Patrimonio de la Humanidad. El Camino de Santiago es un camino de todos, una experiencia iniciática personal, mágica y difícilmente descriptible. 

Cami de Sant Jaume
 
Quedan apenas dos meses para que finalice el último Año Jacobeo del milenio. Quizás aproveche las vacaciones que me quedan para ir a Compostela desde Valencia, una buena guía en las alforjas y la bicicleta por supuesto. La bicicleta es el más humano de los ingenios mecánicos inventados para viajar, no solo en el espacio sino también en el tiempo. Para caminar prefiero los viejos senderos entre bosques o las cresterías de las montañas donde el paisaje es más gratificante. No es el destino lo que importa sino el espacio recorrido, conectar con el entorno, recorrer los pueblos, percibir el viento, el frio, el sol o la lluvia es lo realmente importante.

Los aspectos artísticos, religiosos o culturales, la variedad de paisajes, la naturaleza y la gente, sobre todo la gente, siguen siendo después de once siglos de historia los principales alicientes para iniciar la ruta hacia Santiago.
 
Texto y fotografías: José Manuel Almerich

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